Entendiendo el Trastorno Límite de la Personalidad: características, factores de riesgo y tratamiento

El trastorno límite de la personalidad (o TLP) es un trastorno mental complejo que se enmarca dentro de los trastornos de personalidad, concretamente en el cluster B. Se caracteriza por una serie de patrones de inestabilidad en las relaciones, cierta alteración de la autoimagen y autoconcepto y de las emociones. Las personas con TLP pueden experimentar episodios tanto de ira como de ansiedad o depresión de duración limitada (normalmente de unas horas). En el presente artículo voy a describir las características y criterios diagnósticos, así como los tratamientos validados empíricamente para este trastorno y algunos mitos asociados.

Criterios diagnósticos y síntomas

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) incluye una serie de criterios diagnósticos que definen el trastorno. La persona tiende a percibir un posible abandono (real o imaginario) que la impulsa a evitarlo frenéticamente. Esta es una de las razones por las cuales sus relaciones interpersonales tienden a la inestabilidad, ya que a veces son demasiado intensas. Se caracterizan por una acentuada impulsividad, y por comportamientos autolíticos y frecuentes amenazas de suicidio. Normalmente, estas amenazas constituyen una manera de llamar la atención para evitar ese abandono (real o imaginario). Estas acciones presuponen una labilidad afectiva debida a una alteración del estado de ánimo, que suele provocar cambios repentinos del humor (lo que puede confundirlo con un trastorno ciclotímico). Esta alteración suele manifestarse a través de una ira desmesurada e intensa, así como por cierta disforia y ansiedad. Estas personas tienden a sentirse vacías y pueden llegar a presentar síntomas disociativos graves. Todas estas características hacen que hablemos de un trastorno mental complicado, aunque hay tratamientos ad hoc que han demostrado una gran eficacia.

Causas y factores de riesgo

Como siempre digo, es difícil conocer la causa de un trastorno mental, por eso hablamos en términos de multifactorialidad. Normalmente, un único suceso no provoca per se un trastorno mental, sino que debe haber una confluencia de contingencias. Se suele hablar de tres tipos de factores (también presentes en este trastorno), a saber: genéticos, ambientales y temperamentales. Sin embargo, en el padecimiento que nos ocupa, tienen una mayor relevancia los dos primeros factores. Se ha constatado que el TLP es cinco veces más frecuente en personas con antecedentes familiares, lo que da cuenta del peso genético.

Respecto a la variable del ambiente, hay varias líneas de investigación interesantes y con hallazgos y explicaciones plausibles. Parece ser que el apego desorganizado, así como traumas infantiles graves, pueden jugar un papel diferencial en el desarrollo del trastorno. Cuando los progenitores son tanto la fuente de sufrimiento como el refugio que ofrece protección y seguridad, y los infantes se ven sometidos a abusos y maltratos físicos, emocionales, psicológicos y/o sexuales, la probabilidad de terminar padeciendo un trastorno límite de la personalidad se eleva considerablemente. Muchos de estos pacientes han visto sus emociones acalladas, se les ha castigado y culpado por sentirse de determinada manera, y esto tiende a favorecer la confección de ciertas creencias nucleares.

Por último, parece ser que el tipo de temperamento de un individuo puede decantar hacia donde caiga la moneda. Es decir que, la persona puede mostrar una disposición positiva que le ayude a afrontar sus traumas, por ejemplo, con una mayor capacidad de adaptación, de resiliencia y de regulación emocional.

Tratamiento

Como para todo padecimiento, los psicólogos debemos conocer qué tratamiento se ajusta mejor a cada problemática. En este caso, Marsha Linehan diseñó un modelo de psicoterapia de tercera generación para tratar a los pacientes que se autolesionaban. Sin embargo, luego se adaptó fácilmente al TLP, hasta tal punto que es (o debería ser) la primera opción de todo psicoterapeuta ante este padecimiento. Este modelo recibe el nombre de Terapia Dialéctico Conductual (TDC), y está compuesto de cuatro grandes bloques: eficacia interpersonal, regulación emocional, tolerancia a la incertidumbre y mindfulness. Linehan postulaba que las personas con TLP tenían una acentuada disfunción de la capacidad para regular las emociones, en parte por haber sido invalidadas o castigadas en la infancia. De ahí que en la edad adulta estas personas sean emocionalmente lábiles.

Por otro lado, la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), el modelo contextual transdiagnóstico con mayor evidencia, también puede emplearse en el tratamiento del TLP. De hecho, algunos de los procesos y herramientas contemplados en la Terapia Dialéctico Conductual son extraídos de la ACT. La gran diferencia es que este segundo modelo contextual sirve para prácticamente cualquier problema psicoemocional; en tanto que la TDC (aunque se ha aumentado el rango de aplicación tras años de investigación) se centra más en el TLP o en problemas similares, como las autolesiones, intentos de suicidio o adicciones.

Por último, la conocida Terapia Cognitivo-Conductual también parece ser válida para el tratamiento de este trastorno. No obstante, es una terapia que paulatinamente se va quedando obsoleta a medida que aparece más evidencia sobre las terapias contextuales (o terapias de tercera generación). Por lo tanto, estos son los tres tipos de tratamientos empíricamente contrastados que deben tenerse en cuenta si vamos a adentrarnos en un tratamiento para el Trastorno Límite de la Personalidad.

Conclusión

El trastorno comentado en este artículo se trata de un trastorno mental serio y complejo que puede alterar significativamente la vida de una persona y la de sus seres queridos. Comprender el padecimiento en su totalidad, así como la historia del individuo y el tratamiento más adecuado, serán aspectos diferenciales respecto al resultado esperado. Estas personas, que tan injustamente han adquirido la etiqueta de manipuladoras, malévolas o victimistas, son personas que sufren y no saben muy bien por qué, pero la buena noticia es que hay un método para que encuentren una vida con sentido y un bienestar mayor.

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Bibliografía

Asociación Americana de Psiquiatría (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed.).

Beck, A., Freeman, A. & Davies, D. (2021). Terapia cognitiva para los trastornos de personalidad. Paidos.

McKay, M., Wood, J. & Brantley, J. (2017). Manual Práctico de Terapia Dialéctico Conductual. Desclée de Brouwer.

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